Clínica

DIAGNOSTICO

DEL SISTEMA INMUNITARIO AL PUEBLO SAHARAUI: SIN MEMORIA NO HAY DEFENSA

Rosana González López

FEA Inmunología Hospital Clínico Universitario Virgen de la Arrixaca, Murcia.

Quiero agradecer profundamente la oportunidad de compartir aquí la historia y la continuidad de un proyecto que nace de la memoria. Porque, como enseña la Inmunología, para poder luchar y sanar, primero hay que comprender y recordar el contexto que nos rodea.

Han pasado ya cincuenta años desde la ocupación del Sáhara Occidental por Marruecos y el exilio forzoso del pueblo saharaui hacia los campamentos de refugiados en Tinduf (Argelia) y a la diáspora. Sin embargo, nunca es tarde para recordar y para mirar de frente una realidad que sigue doliendo.

El Sáhara Occidental fue la provincia española número 53 hasta 1975, cuando el rey Juan Carlos I cedió el territorio a Marruecos y Mauritania a través de los Acuerdos Tripartitos de Madrid. Mientras la Marcha Verde avanzaba armada, la población saharaui pedía un proceso de descolonización pacífico y el derecho a decidir su futuro como país independiente. En ese contexto estalló la guerra y se produjo el éxodo: miles de saharauis huyeron al desierto argelino buscando refugio.

Desde entonces, decenas de miles de saharauis sobreviven en los campamentos de Tinduf, uno de los entornos más duros del planeta. Allí, la vida depende de la ayuda humanitaria y la atención sanitaria es un desafío diario marcado por las limitaciones estructurales y el clima extremo.

La ONU no reconoce la legalidad de los acuerdos de Madrid y nunca se celebró el referéndum que se prometió al pueblo saharaui. España sigue siendo, oficialmente, la potencia administradora del Sáhara Occidental: la última colonia de África.

Gracias a la memoria —la de quienes dejaron atrás a seres queridos—, en 1979 nació el programa “Vacaciones en Paz”. Cien menores saharauis viajaron entonces a España para alejarse de las duras condiciones del desierto y recibir atención sanitaria y nutricional adecuada. Desde entonces, todas las comunidades autónomas cuentan con su “Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui”, que no solo envía ayuda humanitaria y visibiliza la causa, sino que cada verano acoge a menores saharauis en familias españolas.

Gracias a la memoria —de aquellos niños y niñas que compartieron veranos y juegos—, la causa saharaui se ha transmitido de generación en generación en España. Yo misma soy fruto de ese legado: tras muchos veranos de preguntas sin respuesta, me lancé como voluntaria en varios proyectos y viajé a los campamentos mientras estudiaba Medicina. Allí impulsamos proyectos de Educación para la Salud, desparasitación, inclusión sanitaria para menores con discapacidad… Y junto a mis compañeras fundamos la pequeña asociación “Moviendo Arena”.

Hoy colaboramos con “Cantabria por el Sáhara” en la acogida de menores con discapacidad que necesitan apoyo sanitario. El programa “Vacaciones en Paz” acoge a menores escolarizados en escuelas saharauis, pero los niños y niñas con discapacidad o enfermedades crónicas que les impiden asistir al colegio quedan fuera de este programa. Nuestro campamento de verano es, para ellos, una oportunidad de recibir atención y cariño: voluntarios de todas las edades convivimos con estos pequeños, la mayoría con discapacidad física. Les ofrecemos inclusión sanitaria en nuestro sistema de salud, una nutrición adecuada y actividades lúdicas especializadas en una “madrasa” adaptada, así como fisioterapia, logopedia y terapia ocupacional.

Aunque los menores reciben asistencia sanitaria primaria y hospitalaria si la precisan, muchos vuelven a los campamentos sin diagnóstico o sin haber podido acceder a una intervención quirúrgica, ya que su estancia coincide con el verano. Por eso, sensibilizar a la comunidad sanitaria sobre su contexto es fundamental para priorizar ciertos procedimientos y asegurar la continuidad de tratamientos.

En un estudio realizado entre 2019 y 2020, analizamos la situación nutricional y sociosanitaria de 142 personas con discapacidad de los campamentos: el IMC medio era de 17,55 kg/m2 con un 13% de desnutrición. El 65,2% no tenía diagnóstico de su enfermedad y el 74,6% nunca había sido visto por un especialista. La situación nutricional se ha agravado por la inestabilidad sociopolítica, perpetuando el ciclo desnutrición-inmunodeficiencia, una de las principales causas de discapacidad en la infancia saharaui. La etiología de la discapacidad es compleja: escasez de alimentos, infecciones, consanguinidad, anemia materno-infantil, enfermedades perinatales, ausencia de seguimiento obstétrico, malformaciones y variantes genéticas. Frente a todo esto, el sistema sanitario saharaui lucha sin recursos locales y depende de la solidaridad internacional.

¿Y qué puedes hacer tú, como residente o especialista en Inmunología?

  1. Si te derivan un caso de posible inmunodeficiencia en un menor saharaui, dale cita preferente: solo están aquí en julio y agosto. Recuerda que la consanguinidad es frecuente tras décadas de refugio.
  2. Ven a colaborar como voluntario en el campamento de Cantabria por el Sáhara: aquí, todas las manos suman y siempre encontramos nuevas formas de ayudar.


Si quieres ser voluntario en Cantabria por el Sáhara:
https://cantabriaporelsahara.com/voluntariado/

Contexto histórico:
https://provincia53.com/#/intro
https://www.ondacero.es/podcast/originales/provincia-53/

La memoria es la mayor defensa de un pueblo. Que nunca dejemos de recordarlos, de implicarnos y de tender la mano. Porque, en la inmunidad y en la vida, nadie se salva solo.

sáhara, cooperación, memoria, discapacidad

Volumen 45 | Núm. 2