Docencia
ENTREVISTA
Entrevista a Alba Sánchez Montalvo
Jesús Fernández Felipe
Laboratorio de Respuesta Inmune Innata, IdiPAZ
jesferfe@gmail.com

En este número, traemos una pequeña entrevista a Alba Sánchez Montalvo, doctora en ciencias biomédicas por la Katholieke Universiteit Leuven (KU Leuven), en Bélgica. Su tesis doctoral fue en el ámbito de la inmunología, particularmente, un estudio traslacional del papel de la secreción de IgA en el contexto de la rinosinusitis crónica. Durante su doctorado y posteriormente, ha participado en dos iniciativas un poco espaciales: la Mars Analog Research Simulation en el Mars Desert Reaserch Station en Utah, Estados Unidos y en la estación LunAres en Polonia. En ambas ‘estancias’ estudió el efecto del estrés que supone estas misiones sobre el sistema inmunitario y la microbiota oral. Actualmente es investigadora postdoctoral en el CIMA Universidad de Navarra, mientras nos habla de inmunología en su cuenta de redes sociales inmunominuto. A continuación, os dejamos la entrevista sobre su experiencia realizando su doctorado.
- ¿Por qué te decantaste por un doctorado el Bélgica?
Elegí hacer el doctorado en Bélgica porque buscaba una experiencia internacional, competitiva y conectada con la investigación biomédica a nivel europeo (y me daba igual el país). En España no encontraba tantas opciones que encajaran con mi perfil y mis intereses en inmunología traslacional, y el proyecto en Bruselas combinaba investigación básica, entorno clínico y preguntas aplicadas. Mi doctorado fue un “joint PhD”: la universidad principal fue UCLouvain y la universidad secundaria KU Leuven. Esto me permitió moverme entre dos culturas académicas belgas, la francófona y la flamenca, y entender mejor cómo funciona un país científicamente muy potente a pesar de ser pequeño.
El proceso de admisión me pareció menos centrado en la nota media y más en el encaje científico con el grupo, la viabilidad del proyecto y la capacidad del candidato para desarrollarlo. En España, muchas veces el acceso al doctorado depende de convocatorias nacionales, contratos asociados a proyectos concretos o expedientes académicos. En Bélgica, en cambio, noté más peso del proyecto individual y de la evaluación externa. Yo obtuve una beca FNRS ASPIRANT de dos años en 2022, tras un periodo inicial en el que mi supervisora pudo financiarme con fondos de investigación clínica. Esa posibilidad de empezar cobrando mientras se solicitaban convocatorias competitivas me pareció una diferencia tremenda frente a muchas experiencias que conocía en España.
- ¿Cómo es la estructura del doctorado?
Una de las grandes diferencias es la estructura de seguimiento. En mi PhD no todo dependía de la relación directa con la directora de tesis: había comité de supervisión, escuela doctoral, evaluaciones anuales y requisitos formativos. Cada año se presentaba el progreso ante un comité. El primer año servía para demostrar que dominabas el tema y que el proyecto tenía sentido. El segundo era especialmente crítico, porque se evaluaba si el candidato y el proyecto estaban preparados para continuar hacia el título de PhD. El tercero funcionaba más como acompañamiento para ordenar publicaciones, capítulos y coherencia de la tesis. Y el cuarto culminaba con una defensa interna ante el tribunal antes de la defensa pública.
Además, había un sistema de créditos en el que se registraban cursos, congresos, publicaciones, formaciones y actividades doctorales. En España también existen programas de doctorado, comisiones académicas y actividades formativas, pero mi impresión es que la aplicación práctica varía mucho entre universidades y grupos. En Bélgica sentí más formalización: obliga a parar, ordenar el trabajo y recibir feedback externo. Puede añadir presión, pero también protege al doctorando porque evita que todo dependa de una única relación supervisor-doctorando.
- ¿Cómo era el entorno científico?
Mi experiencia en recursos fue muy positiva. Teníamos acceso a equipamiento, plataformas tecnológicas, seminarios internacionales y colaboraciones clínicas que facilitaron el desarrollo del proyecto. España también tiene centros excelentes y grupos muy competitivos, pero en Bélgica percibí una cultura más integrada de plataformas compartidas, conexión hospital-laboratorio y colaboración entre instituciones. En inmunología, y especialmente en un proyecto sobre inmunidad de mucosas como era mi caso, esa conexión clínica fue clave para la dimensión traslacional de mi investigación.
El entorno científico en Bruselas y Leuven me pareció muy internacional, en general (aunque mi laboratorio precisamente no era el caso, yo era la única que no era belga/francesa). En UCLouvain el francés estaba muy presente; en KU Leuven, el inglés tenía mucho más peso. Esa combinación te obliga a comunicar ciencia en distintos idiomas, adaptarte a códigos culturales diferentes y defender tus ideas en entornos multiculturales. También noté que la figura del doctorando está mucho más profesionalizada: se te exigía autonomía, pero también se reconocía más claramente que estabas haciendo un trabajo cualificado.
- ¿Qué nos puedes decir de las condiciones laborales y financiación?
Una diferencia central es que se percibe el doctorado como empleo. En Bélgica, mi experiencia fue la de una etapa profesional desde el inicio, especialmente con una financiación competitiva como la FNRS ASPIRANT, planteada dentro de una trayectoria PhD estructurada. Esto aporta reconocimiento, mejores condiciones económicas y mayor claridad sobre derechos y expectativas, aunque también implica evaluaciones exigentes y presión por demostrar progreso.
En España la situación ha mejorado respecto a la antigua figura del “becario”, porque los contratos predoctorales FPI, FPU y figuras equivalentes ya se reconocen como contratos laborales. Aun así, culturalmente creo que el doctorando sigue percibiéndose a veces de forma ambigua: ni completamente estudiante ni completamente trabajador. Esa ambigüedad influye en el reconocimiento, la autonomía, la conciliación y la remuneración. La presión por publicar existe en ambos países; la diferencia es que en Bélgica la viví más vinculada a evaluaciones y renovación de financiación, mientras que en España muchas veces se mezcla con la precariedad y la necesidad constante de competir por la siguiente convocatoria.
- ¿Cómo viviste la ‘academia’ en Bélgica?
La cultura de laboratorio depende mucho del grupo, pero en Bélgica percibí una expectativa fuerte de autonomía: se esperaba que propusieras, organizaras, escribieras, buscaras soluciones y defendieras tus decisiones. En España puede haber más cercanía personal y acompañamiento informal, pero creo que también hay más dependencia de la figura del jefe o jefa de grupo.
Mi experiencia doctoral fue muy enriquecedora, pero también muy dura, especialmente de cara al final. Parte de esa dificultad tuvo que ver con la inexperiencia de algunos supervisores en gestión de personas y liderazgo científico. Por eso creo que una de las grandes asignaturas pendientes de la academia, tanto en Bélgica como en España, es formar a los IPs en liderazgo, comunicación, resolución de conflictos y acompañamiento de doctorandos. Dirigir una tesis no debería ser solo saber mucho de un tema o tener financiación, sino que también implica gestionar expectativas, cuidar dinámicas de equipo y crear un entorno exigente pero sostenible. La estructura de comités ayuda, obviamente, pero no sustituye a una buena supervisión diaria.
- ¿Cómo viviste el ‘después’ de defender la tesis?
Bélgica ofrece buenas oportunidades postdoctorales y de conexión con industria, especialmente en biomedicina, farmacéutica y biotecnología. La posición geográfica también ayuda: estás cerca de Francia, Países Bajos, Alemania y Reino Unido, y eso facilita redes europeas. España tiene investigación de altísima calidad y centros muy potentes, pero las salidas académicas pueden ser más difíciles por la menor estabilidad, la alta competencia por plazas y la dependencia de convocatorias.
Creo que un doctorado en Bélgica abre puertas internacionales no tanto por el país en sí, sino por el “entrenamiento” que recibes: trabajar en varios idiomas, defenderte como científico ante comités periódicos, colaborar con perfiles clínicos y básicos, y acostumbrarte a redes europeas… En mi caso, el joint PhD entre UCLouvain y KU Leuven añadió valor porque me obligó a moverme entre instituciones, idiomas y formas de trabajar distintas acorde a los procedimientos de cada universidad.
- ¿Cómo te notaste personalmente en el laboratorio?
Lo que más desarrollé fue autonomía. Aprendí a gestionar un proyecto, pedir ayuda de forma estratégica, escribir propuestas, defender resultados y comunicar ciencia en entornos internacionales. También desarrollé resiliencia: vivir fuera, adaptarme a otros idiomas y construir una red desde cero te cambia mucho. Lo más difícil fue la adaptación cultural, la distancia de mi red personal y sostener la presión de un proyecto ambicioso durante varios años.
¿Repetiría la experiencia? A día de hoy, no, porque mi interés profesional ha cambiado. Pero no me arrepiento porque salir me dio perspectiva, me hizo valorar lo bueno del sistema español y me permitió identificar con más claridad sus carencias. También me ayudó a construir una identidad científica más internacional y profesional.
- ¿Alguna conclusión final?
Como ventajas de hacer el doctorado en Bélgica destacaría: mejores condiciones y reconocimiento profesional en la etapa predoctoral; internacionalización real del día a día; una estructura de seguimiento más formal, con comités y evaluaciones que acompañan el progreso. Como desventajas: la adaptación cultural y de idiomas, la distancia emocional y familiar, y cierta rigidez administrativa que puede hacerse pesada.
España, por su parte, tiene grandes grupos de investigación, una cultura de cercanía muy valiosa y una calidad científica que a veces no se reconoce lo suficiente. Pero necesita mejorar la estabilidad, la financiación y el reconocimiento del doctorado como trabajo altamente cualificado. Recomendaría Bélgica a personas que busquen una experiencia internacional, competitiva y muy formativa. Recomendaría España a quienes tengan un proyecto muy bien definido, un grupo sólido y una red de apoyo clara. En cualquier caso, más que elegir país, recomendaría elegir bien el grupo, la supervisión y las condiciones reales de financiación: esas tres cosas determinan mucho más la experiencia doctoral que el nombre de la universidad o el país en el CV.
Volumen 45 | Núm. 2
