Docencia
INMUNOGLOSARIO
INMUNOGLOSARIO: HISTOCOMPATIBILIDAD
Jesús Fernández Felipe
Laboratorio de Respuesta Inmune Innata, IdiPAZ
Continuando con el inmunoglosario, en este número nos trasladamos a la letra P para hablar de la etimología de la histocompatibilidad, es decir, la situación que permite el trasplante entre individuos.
Esta historia comienza en el año 1909. Karl Landsteiner, un biólogo austríaco, se dio cuenta que algo debía existir en la sangre que era el responsable de un grupo de síntomas tras realizar transfusiones. Fue el primero en describir el sistema AB0 en los glóbulos rojos y cómo realizar transfusiones seguras. Esta investigación no sólo le permitió ganar el premio Nobel en el año 1930, sino que sembró la semilla de la existencia de una forma de saber que nuestras células son nuestras.
En el año 1936, el inmunólogo británico Peter Gorer descubrió que trasplantar tumores de diferentes cepas de ratones causaba un rechazo por parte de los animales receptores. De esta manera, describió por primera vez un complejo de histocompatibilidad, es decir, un sistema capaz de reconocer que las células trasplantadas no eran del mismo individuo. Su investigación fue seguida por George Snell, que planteó que este sistema dependía de antígenos, es decir, fragmentos de proteínas y lo denominó MHC (Complejo Principal de Histocompatibilidad, del inglés Main Histocompatibility Complex). En 1952, Jean Dusset, siguiendo la estela de Landsteiner, planteó que debía existir un ‘sistema AB0’ en los leucocitos. Lo demostró en suero de humano, por lo que lo llamó sistema HLA (Antígenos Leucocitarios Humanos, del inglés Human Leukocyte Antigen). Unos años después, el inmunólogo Baruj Benacerraf logró caracterizar genéticamente este sistema y encontró que el HLA era el MHC humano. Este trabajo condujo a estos 3 investigadores a ganar el premio Nobel en el año 1980.

Volumen 44 | Núm. 1
